MUERDE MUERTOS es una editorial de autores contemporáneos, abocados a la literatura fantástica, el terror, lo erótico y aquellas obras que apuestan a estimular la imaginación.

Los mil rostros del horror y el erotismo

Entrevista a Carlos Marcos

La editorial Muerde Muertos de los hermanos José María y Carlos Marcos, nacidos en Uribelarrea, hace rato se transformó en uno de los canales de difusión más interesantes del país para el género del terror, lo fantástico y el erotismo. Acaban de editar iluSORIAS, una versión ilustrada del emblemático libro Los sorias, de Alberto Laiseca, con la participación de 168 artistas. Por Juan Manuel Rizzi para La Información (*)

“¡No hay editoriales chicas ni grandes, hay ideas buenas o malas! Vamos, nene, contá”, recordó Carlos Marcos en la presentación de la Biblioteca Nacional, que le dijo Carlos Reggazzoni, el artista conocido mundialmente por sus esculturas en hierro.
¿Cómo reeditar una novela de 1300 páginas a 15 años de su aparición, que creían tan importante para ellos? “Como en general ocurre —contó Carlos Marcos, el editor de iluSORIAS junto a Mica Hernández— terminamos convirtiendo nuestras carencias en virtudes y nuestras debilidades en fortalezas inusitadas. Alberto me enredó una mañana en una charla sobre las historietas y los cómics de su infancia y de cómo comprendió que la imaginación no tiene límites. Intuí allí que compartimos el amor por los dibujantes, el respeto de fascinación por lo que hacen y la envidia malsana por sus bellos garabatos”.
Surge así esta empresa donde participaron 168 artistas visuales, desde artistas plásticos de renombre como Juan Batlle Planas, Carlos Regazzoni o Clorindo Testa, a escritores (Juan Sasturain, Wasghinton Cucurto y otros), historietistas y humoristas gráficos, hasta el mismo Alberto Laiseca.
Cada título de los capítulos de Los sorias, dio el pie para la libre expresión del ilustrador.
Acerca de esto y mucho más, dialogamos con Carlos Marcos.
—El horror y lo erótico parecen estar en todas partes: en la historia, en los medios, en la calle. ¿Por qué nos cuesta tanto romper el silencio sobre ello de otra manera que no sea en escándalos privados o sensacionalismo?
—No es que nos cuesta romper el silencio, creo que más bien nos cuesta sostener un saludable silencio; se habla por de más y se hace mucho ruido en muchísimos casos. Los miedos y la sexualidad son constitutivos en el sujeto y por lo tanto de una intimidad atroz. Romper el silencio con escándalo y sensacionalismo tiene que ver con una posición más bien voyeurista o exhibicionista; se trata de otra cosa. Simplemente es más sencillo hablar de nosotros mismos acunándonos cómodamente en algún escándalo ajeno o en alguna noticia sensacionalista. No es sencillo admitir “tengo un temor irracional a los perros” o “me excitan los perros”, pero, si lo leemos en algún periódico o nos llega como chisme, quizás nos divierta y todo. En el caso puntual del erotismo en el arte, lo que se busca es representar el deseo tan inasible e inmaterial como es. Hay grandes obras que no recurren siquiera a la representación explícita de la sexualidad o de nuestros temores y sin embargo son obras sumamente eróticas o nos causan un horror indescriptible.
—Penosamente, a Los sorias no la leí. ¿Qué podés agregar a las palabras más conocidas sobre la obra, “La mejor novela que se ha escrito en la Argentina desde Los siete locos, de Roberto Arlt” (Ricardo Piglia), para que un lector cualquiera quiera acometer la aventura de sus 1300 páginas? Y en particular, ¿creés que iluSORIAS ayuda a acercar a ese lector desprevenido?
—No te preocupes, yo la leí dos veces, la leí por los dos. Magistralmente Piglia lo resume en dos o tres frases que se reiteran siempre, tomadas de su prólogo y que circulan como referencia a Los sorias. Una es la frase que citás y otra muy importante que habla de que es una novela estructurada como un fractal, como el juego  de muñecas rusas, las mamushkas, de tal manera que nos enfrentamos a una historia que en su interior alberga una nueva historia, y éstas a su vez otra, y a su vez otra y a otra. Se podría decir, ampliando un poco,  que es un monstruo que amplifica el desconcierto de todos aquellos lectores que no saben si el texto intenta divertir, hacer reflexionar, imponer una tesis mística, una doctrina filosófica, ideológica, política, metafísica. En medio de un disparate surge un enunciado profundo, de una salida humorística nace el absurdo más cruel y hasta detrás de una escena súper poética se despliega tanto lo inverosímil como lo trascendental, así como una burda tesis científica, tanto como una verdad sobrenatural de lirismo y erotismo extremo. iluSORIAS causa un maravilloso extrañamiento en el lector desprevenido, causa desconcierto y curiosidad sobre todo. Le otorga rostros a un malón de personajes y situaciones de la mano de 168 artistas visuales: pintores, grabadores, dibujantes, historietistas, grafiteros incluso escritores que tomaron el riesgo de ilustrar cada uno un capítulo desde su saber y su técnica. El lector, en esencia, es un curioso... iluSORIAS  potencia esa curiosidad.
—En qué anda hoy Carlos Marcos escritor, luego de Muerde Muertos (quién alimenta a quién…) con tu hermano, y el trabajo crítico y recopilatorio de iluSORIAS. Tu única publicación a solas en Muerde Muertos (Inmaculadas) también incluía lo gráfico. ¿Esto es en vos una necesidad tan fuerte como la escritura?
—Siempre ando buscando, escribiendo, experimentando, batiendo, mezclando... intentando la experiencia literaria a cada rato. La literatura dialoga con todas las artes, o debería hacerlo, así como el erotismo dialoga con el escándalo, con lo íntimo, con la pornografía incluso. Dialoga y marca sus diferencias indicando que el cuerpo es más que sólo un cuerpo cuando desea o es deseado. Todos trabajamos con imágenes que son, en su simpleza y complejidad, nada más que palabras. La necesidad es siempre necesidad de expresarse, de percibir formas, de fusionar, de componer e incorporar. Para mí será siempre literatura.
—Me quedó esta pregunta en espera cuando hablamos con José María. Ahora va para vos: uno imagina crecer en un pueblo como Uribelarrea, de 1000 habitantes, en el seno de una familia católica, y sólo como acto antagónico puede elucubrar una literatura y una editorial como la de ustedes. ¿Ha habido en aquellos años de niñez y adolescencia, y seguro de rebeldía, experiencias que anticiparon este camino?
—Yo no lo pienso como un acto antagónico ni de rebeldía sino más bien, como la posibilidad de ir más allá. La decisión de fundar una editorial como Muerde Muertos, de ahondar en tal o cual género o lógica literaria,  tiene que ver con nuestra historia. La vida en un pequeño pueblo, la formación de los primeros años y las vivencias en general, posibilitan, impulsan. Grandes maestros del erotismo, del horror y del delirio han tenido formación religiosa, y eso les ha permitido avanzar, desde algún lugar, impulsándose hacia delante. La Biblia misma (y no soy original aclarando esto) está llena de historias de terror, eróticas y delirantes de una eficacia de milenios. Lo que siempre nos ayuda a continuar adelante sobre todo en el contexto uribelarrense-familiar es la tolerancia y una buena cuota de humor negro.
(*) julio de 2013.