MUERDE MUERTOS es una editorial de autores contemporáneos, abocados a la literatura fantástica, el terror, lo erótico y aquellas obras que apuestan a estimular la imaginación.

Le Monde Diplomatique: “Cabalgando van” y “Strip-tease”, de Enrique Medina, comentados en Italia

Diego Kenis leyó y comentó para Le Monde Diplomatique de Italia los nuevos libros de Enrique Medina: Cabalgando van y Strip-tease: traducción visual, este último con la participación de 40 artistas visuales. Agradecemos a Kenis sus conceptos vertidos y compartimos el artículo publicado en la reciente edición de enero de 2018.

Próximamente: “Viaje al principio de la noche”

Alejandra Tenaglia firmando el contrato.
Para marzo de 2018, nos encontramos trabajando para la salida de la novela Viaje al principio de la noche de Alejandra Tenaglia. En su fanpage, la autora publicó: “Acá, finalizando el 2017, firmando contrato con la editorial porteña Muerde Muertos, de José María Marcos y Carlos Marcos, para la publicación de mi primera novela Viaje al principio de la noche, a comienzos del 2018... ¡Chin chin!”. Igual que ella, estamos felices con la inminente publicación, de la cual ya iremos brindando más detalles.

Página/12: Antonio Di Benedetto, un recuerdo

Por Enrique Medina, Página/12, 4 de enero de 2018

Antonio Di Benedetto había sido encarcelado el mismo día que los militares destituyeron a Isabel Perón. Ésta, engañada por las esposas de los jefes del golpe que la halagaron y convencieron para hacer un paseo en helicóptero, sin darse cuenta se vio depositada en la prisión antes de que la bruta realidad le cayera como adoquín en la cabeza. Aunque se dice que el motivo de la detención del escritor fueron sus notas políticas en el diario Los Andes de Mendoza, él sospechaba de una venganza personal del jefe de policía. Luego de casi dos años de torturas y cuatro amagues de fusilamiento, fue liberado y expulsado a Europa gracias a las gestiones de la pintora Adelma Petroni, Ernesto Sabato, Mujica Lainez, Victoria Ocampo, Bernardo Canal Feijóo, y el premio Nobel alemán Heinrich Boll. El creador de la genial novela Zama (1956) deambuló sin éxito por París y luego se instaló en España. No las pasó bien, pero sí fue reporteado en televisión por el periodista Joaquín Soler Serrano en su prestigioso programa “A Fondo”. Por ese espacio habían pasado Salvador Dalí, Borges, Octavio Paz, Fellini, Carpentier, entre otros indiscutibles. En el reportaje se lo ve bien, aunque algo dubitativo, disimulando con ironías que el conductor no captaba. Llegada la democracia, en 1984 Miguel Briante me llama por teléfono; regresaba Di Benedetto y había que ir a recibirlo a Ezeiza para luego llevarlo al Centro Cultural General San Martín, así que él estaba juntando gente para homenajearlo con un abrazo de las nuevas generaciones. Fuimos cuatro, nosotros dos, Piglia y Dal Masseto. Llegamos y nos encontramos con Nicolás Sarquís que lo había hospedado en su casa de Madrid durante el exilio. Por fin apareció él. Miró a una bella muchacha y se quedó paralizado. Era su hija. Dijo para sí: “dejé una niña y me encuentro con una mujer”. Profundamente conmovido, se puso a llorar. Solamente una cámara estaba allí dando testimonio del hecho. Era la del canal 13 (salvo que se me haya pasado, estuve atento mirando los noticiarios pero nunca vi la nota). Nos presentamos saludándolo con respetuoso afecto. Me cacheteó amistoso y me dijo: “Yo te leía en la cárcel”. Del aeropuerto partimos directamente al Centro Cultural San Martín donde se le harían los honores del caso. Se sintió reconocido y feliz. Hubo festejos y chocar de copas. Imposible imaginar que ese día sería sólo una ilusión. A la euforia siguió el áspero olvido. Nos reuníamos en el bar de Las Heras y Pueyrredón. A Di Benedetto le gustaba mucho el cine. Su cuento “Declinación y ángel” es por poco un guión cinematográfico. Lo llevé al Cine Club Núcleo. Salvador Sammaritano, alma-mater de la entidad y  gran amigo, lo hizo “socio honorario”. Así que nos reuníamos allí una vez por semana. Veíamos películas curiosas (una de Jean Genet, “Un chant d’amour”), viejas del cine norteamericano en blanco y negro, Chaplin, los rusos, y también mucho cine nacional, del viejo y pre-estrenos. Como también yo era amigo del “Mono” Villegas, se lo presenté. El genial pianista de jazz, por supuesto también era “socio honorario” del cineclub (Sammaritano nos hacía “honorarios” a todos los que nos equilibrábamos en el arte). Muchas veces los tres salíamos de la función e íbamos a comer. Ninguno de nosotros andaba económicamente bien, así que, por lo general, pagábamos “a la romana”. Luego de escuchar al “Mono” Villegas decir que su mesita de luz era un cajón de manzanas, Di Benedetto sonrió satisfecho: “Vaya, entonces yo no estoy tan mal”. Él, por razones de austeridad del gobierno, había sido alejado del puesto de asesor de la Dirección Nacional del Libro. Vivía de un sueldo limitado cumpliendo horario en la Casa de la Provincia de Mendoza. Vino a mi Taller Literario y lo pasó muy bien charlando con los integrantes. Era muy reticente con su feo pasado. Una noche los llevé a un boliche en el Bajo que yo conocía gracias a Denevi y Villordo. Lo manejaba con precisión una bella mujer. Se decía que en el piso superior, donde vivía, ella cuidaba a su marido paralítico que en tiempos mejores había sido un célebre cantor de boleros e incluso había filmado algunas películas. Esa noche la mujer lo reconoció al “Mono” Villegas (era difícil desconocerlo) y le dijo que el piano estaba a su disposición. Fue memorable. Éramos muy pocos los clientes. El “Mono” estuvo inspiradísimo, o por gracia de Dios o por los whiskys acumulados. Pero el resultado fue que nos llevó a pasear por las azules galaxias ad-eternum. Cuando le dije a Di Benedetto que me iban a reeditar Transparente, me pidió hacer el prólogo. Fui al editor Julio Alonso y le dije del ofrecimiento. Para el caso, Josefina Delgado estaba preparando otro texto. El editor no mosqueó: “Habrá un prólogo y un texto crítico”. Santa solución. En el prólogo, Di Benedetto mencionaba a Dostoievski y yo le hice la salvedad de que me parecía algo exagerado. Se emperró. Además de dejar esas líneas agregó otra afirmando su parecer. Lo mismo que Bioy, fue negligente en su casa y al subir a una silla para alcanzar un libro del anaquel alto, cayó y su cabeza golpeó tan feo que lo llevó a morir de un derrame cerebral el 10 de octubre del 86. Había nacido el 2 de noviembre de 1922. Fui al velatorio realizado en la SADE (Sociedad Argentina de Escritores). Me conmovió una joven mujer de pelo crespo llorando en silencio. Lloraba fuerte en su interior, como un volcán antes de estallar. Di Benedetto murió esperanzado: el proyecto de Nicolás Sarquís de filmar su Zama lo mantenía optimista y en paz con el mundo, que tan mal lo había tratado. Pero Sarquís murió sin poder llevar a cabo el proyecto. Por suerte, al ver el film Zama, pienso que Di Benedetto disfrutando su pos-reconocimiento, su pos-felicidad, cambiaría el desgarrado final de Zama, que a él lo caracterizó en vida como un nihilista desgajado:
“Él me contemplaba. No era indio. Era el niño rubio. Sucio, estragadas las ropas, todavía no mayor de doce años. Comprendí que era yo, el de antes, que no había nacido de nuevo, cuando pude hablar con mi propia voz, recuperada, y le dije a través de una sonrisa de padre: No has crecido. A su vez, con irreductible tristeza, él me dijo: Tú tampoco”.

Onanismo, dibujo y escritura

Reseña de Strip-tease: traducción visual de Enrique Medina (Muerde Muertos, 2017)

Por Matías Carnevale (*) | Revista Kundra | 4 de enero de 2018

Un libro de reciente edición rescata Strip-tease, de Enrique Medina, uno de los autores más viscerales de la literatura nacional.
La novela es una de las más heterodoxas de su bibliografía, por el giro hacia lo fantástico-hiperbólico del final. Aunque Medina ha sido tradicionalmente asociado con el realismo más crudo, en Strip-tease hay un vuelco a una especie de surrealismo apocalíptico, con un obelisco que eyacula e inunda las calles porteñas con un fluido restaurador (en Pizza, birra, faso, Pablo, el caco asmático del grupo,  hace una alusión más o menos solapada a la novela de Medina, al hablar de “las ondas porongóticas” que emana el obelisco, y comenta que tenía una novia que se calentaba con el icónico monumento fálico).
En la novela hay un tufillo burroughsiano en dos aspectos notorios: unos extraños personajes, llamados “liquidadores”, surgen de entre las sombras urbanas asesinando y secuestrando a quienes consumen shows de strip-tease pero se hallan fuera de la cofradía que aglomera a nuestros antihéroes de turno. Luego, la compulsión viciosa de estos pajerillos, que se reúnen en antros oscuros e infestados por cucarachas, también puede remitir al lector a la adicción heroinómana, tema importante en gran parte de la obra de William Burroughs.
Como en Cabalgando van (publicado por Galerna el mes pasado), donde Medina homenajea a los escritores que admira, él mismo es homenajeado en este inusual ensayo literario-historietístico que recrea episodios de la novela publicada en 1976, año de connotaciones especiales para la censura y la represión erótica y en general. Como señalan los editores en el prólogo del nuevo libro, en Strip-tease “hay una sexualidad sumamente sórdida, sin eufemismos, implacable, una visión descarnada de la búsqueda del placer masturbatorio, del olvido y del encierro”. La masturbación y el voyeurismo, en aquel contexto, sirvieron como declaración de principios.
En cuarenta ilustraciones acompañadas de fragmentos de la novela (¿o fragmentos de la novela ilustrados?), escritores, artistas plásticos, ilustradores y hasta un par de psicoanalistas (¡claro!), dan su versión gráfica de la novela de Medina. Sin ánimo de ofender a los excluidos, quisiera destacar a los que más me interesaron, por no decir gustaron: Antonio Seguí, por su interpretación de los personajes—entre compadritos y monigotes deformes—, Balaoo, por su gaucho medinesco, rebenque en mano y todo, y Hernán Conde de Boeck, por sus tapas de revista con chicas Manara-pin up.
Vaticino que habrá Medina para rato, y que otras generaciones, tal vez fuera de la academia, lo seguirán leyendo, interpretando, emulando y homenajeando.
Bravo por esta valiente apuesta editorial.

(*) Matías Carnevale (Tandil, 1980). Licenciado en lengua inglesa, con orientación en cine y literatura, por la Universidad Nacional de San Martín. Además de publicar artículos y cuentos propios en medios como Leedor.com, Axxón, Lindes, Buenos Aires Herald (Argentina),  Tenso Diagonal (Uruguay) y Penumbria (México), y exponer en jornadas y congresos en España, Uruguay y Chile, ha traducido al español Autogeddon, de Heathcote Williams, publicado por Editorial El Pasquín (2016).

La Izquierda Diario: El “Manual sadomasoporno” de Laiseca: una reedición a 10 años

Con contratapa de Selva Almada, la editorial especializada en terror y erotismo, Muerde Muertos, reeditó a 10 años de su publicación este libro imperdible e inusual de Alberto Laiseca.

Por Cecilia Rodríguez | Sábado 30 de diciembre de 2017 | La Izquierda Diario

La Editorial especializada en literatura fantástica, de terror y erótica, Muerde Muertos, reeditó, a 10 años de su publicación, el Manual sadomasoporno (ex tractat) de Alberto Laiseca. La contratapa —que debajo de esta nota se publica completa— está escrita por Selva Almada y cuenta precisamente la historia de cómo este libro —inusual en la obra de Laiseca— vio la luz, siendo ella una de las principales responsables.

Sadismo es amor

Los hermanos Marcos, a cargo de una más que interesante colección (que se puede consultar en el blog) y fundadores del sello que ahora reedita la obra, nos dicen:

“Danzando una imaginería popular sumamente argentina, Laiseca empuña la picaresca, la caricatura, la poesía burlesca, el disparate y el esperpento como mecanismos de un realismo delirante que pone a lo establecido en la cuerda floja. 
Viaje “desde lo oscuro hacia lo luminoso”, el comienzo de este libro es una promesa y también una advertencia: “Sadismo es amor. Masoquismo es ternura. Vampirismo es protección. Por el culo no es incesto. Una sola vez no preña (licencia poética)”. Lo cual, en lenguaje laisequiano, quiere decir algo así: “Abandone todos sus prejuicios antes de entrar a mi castillo gótico. Si lo hace, saldrá beneficiado. Se lo aseguro. Confíe en este Viejo Vizcacha del sadomasoporno”.

La edición no podría ser más fiel al texto: se tiene el libro en la mano y se tiene un cuaderno de anotaciones y dibujos de un sádico extraño. Es un “libro objeto”, como lo definió Selva Almada antes de que existiera como tal. Uno entra ya con la sensación de haber robado ese cuaderno del escritorio de un maniático y se dispone a leerlo en el más pleno secretismo (o, en mi caso, ante miradas absortas en una sala de espera).
Laiseca logra que uno no sepa si reír u horrorizarse, calentarse o indignarse, afirmar o rechazar. No es un libro para un lector que espere sensaciones sencillas ni transparencia ideológica. Si “sadismo es amor”, misoginia puede ser feminismo. La ideología del autor solo se encuentra sutilmente, sopesando los contrarios en una balanza y viendo a donde se inclina en los momentos claves del texto. Laiseca nos obliga a reconstruir el contenido ideológico de lo que dice y con esto, no nos obliga a acordar con él: nos obliga a pensar qué pensamos, cuál es nuestra postura, cuál es nuestra relación específica con la violencia, con la sexualidad, con el deseo, con el amor.
Para el lector especializado, hay decenas y decenas de detalles, citas, reescrituras de sus propios textos y de otros (por ejemplo —spoiler alert— dos finales alternativos para Berenice de Edgar Allan Poe). Para el lector no especializado, hay decenas y decenas de recomendaciones de lecturas (y torturas varias). Para el que quiera escribir, un pequeño manual de recursos formales extraordinarios para decir mucho con poco.
Sin desperdicio alguno, se lo recomienda y se lo deja en manos de Selva Almada y la contratapa a la edición de Muerde Muertos.

Nace el Manual sadomasoporno

Lai siempre tenía sobre el escritorio una pila de hojas de resma A4, allí, en completo desorden, anotaba desde ejercicios de escritura hasta turnos con el médico o con el veterinario de sus animales, citas y reuniones, recordatorios de llamados telefónicos que debía hacer y, por supuesto, fragmentos o ideas para futuros cuentos.
Así comenzó la escritura del Manual sadomasoporno: una noche llegamos al taller y nos dijo que iba a leernos un decálogo sadomasoquista que se le había ocurrido esa tarde. Revolvió la pila de hojas, llenas de arriba abajo por su letra enorme, de bordes afilados, y empezó a leer mientras se interrumpía a sí mismo con grandes carcajadas. A la semana siguiente tenía más anotaciones que nos leyó y ala siguiente otras más. Creo que fue entonces cuando lo miré por sobre el desorden monumental de su escritorio y le dije: podría escribir un libro con esos textos, un libro objeto, los textos y algunas ilustraciones, un libro corto, algo inusual dentro del resto de su obra. Él me miró interesado, pero enseguida me dijo: ¿pero quién va a querer publicar algo así, querida? En ese entonces con unos amigos teníamos un sello pequeñísimo que se llamada Carne Argentina, así que lo miré de frente, envalentonada, y le dije: yo se lo voy a publicar.
Él se rio y supuse que no me estaba tomando en serio, pero a la semana siguiente el borrador del Manual ya tenía su propia pilita de hojas. Cuando llegué a su casa, golpeó los papeles con un dedo y me dijo: le hice caso y lo estoy escribiendo.
Selva Almada

El Cosmos, ese minúsculo escenario

Reseña de Hay que matarlos a todos (Muerde Muertos, 2017) de Pablo Tolosa. Por Mariano Buscaglia, escritor y editor del sello Ediciones Ignotas.

Hay que matarlos a todos es una novela que transita con displicencia descarada variedad de géneros literarios y que hasta, seguramente, se invente alguno en el camino. Pueden encontrarse rastros fuertes de ciencia ficción, western, horror cósmico y hasta novelas de costumbres. Hay que matarlos a todos lleva la tensión en casi todas las páginas, y a pesar de que las imágenes que plasma son impresionantes y transitan el horror y el gore, nunca cae en la descripción de mal gusto o en el lenguaje soez y gratuito. A veces da la impresión de que sí, pero sólo es una sensación generada por la propia tirantez de la trama: un argumento que se deja arrastrar por un delirio contenido, donde hay seres intergalácticos camuflados de hombres demasiado comunes, gusanos tentaculados, mad doctors prisioneros en algún pueblo del interior, legiones de doppelgängers y recuerdos sórdidos que abruman a los protagonistas. En sus ambiciones desmesuradas la primera novela de Pablo Tolosa recuerda a esos libros totales de William Hope Hogdson o de Olaf Stapledon donde el Cosmos (con mayúscula) parece ser solo un escenario minúsculo, aunque infinito, de la locura de los que escriben.

Alejandra Zina y la reedición del “Manual” de Laiseca

“¿Sabés por qué Alberto Laiseca tiene una manera tan rara de proceder con las mujeres y con todo? Porque quiere una compañera aquí, en esta tierra, y también allá, en la eternidad. Si no pudiste conseguir compañera perdurable aquí, menos la vas a tener en el submundo. Vas a estar eternamente solo, ¿sabías eso?”. Hace un año que Lai se fue para el submundo, no sé si allá tendrá compañera, espero que tetas y cerveza nunca le falten. Por acá sigue viviendo en quienes lo quisimos y en sus libros, que se siguen leyendo y publicando. Como el Manual sadomasoporno (ex tractat) que el mes pasado reeditó Muerde Muertos, con un prólogo lindísimo de sus editores, José María y Carlos Marcos. Lai creía fervientemente en la religión egipcia; ser leído, creo, es una forma de reencarnación. Palabras de la escritora Alejandra Zina, viernes 22 de diciembre de 2017, al cumplirse el 1º aniversario de la partida de Alberto Laiseca (1941-2016)

Sietecase recomendó a Laiseca y Medina

El periodista y escritor Reynaldo Sietecase recomendó libros de la Editorial Muerde Muertos y regaló a sus oyentes ejemplares de Strip-tease: traducción visual, de Enrique Medina; Manual sadomasoporno (ex tractat), de Alberto Laiseca; e iluSORIAS, de Alberto Laiseca. Fue en el marco del programa “La inmensa minoría”, el viernes 22 de diciembre de 2017, por Radio Con Vos (FM 89.9).

Primeras repercusiones de la salida de “Strip-tease: traducción visual”, homenaje a Enrique Medina

Enrique Medina, con Strip-tease: traducción visual (Muerde Muertos, 2017).
“Quizá Strip-tease sea el libro más estridente de Enrique Medina. Publicado originalmente en 1976, regresa ilustrado por 40 artistas visuales. Una joyita de editorial Muerde Muertos que ya está en todas las librerías del país”. Alejandra Tenaglia, escritora, editora y periodista
Darío Lavia, director de Cinefanía y Cineficción.
Strip tease: traducción visual es más que un libro: es una ‘ofensa a la pusilanimidad argentina’ y, por ello, se torna automáticamente invaluable para todo aquel con algo en el bocho y en el cuore. ¡Felicitaciones, Muerde Muertos, por el homenaje a Enrique Medina, un autor invaluable de nuestra literatura”. Darío Lavia, editor de Cinefanía, ilustrador del capítulo IV de Strip tease: traducción visual
José María Marcos (Editorial Muerde Muertos) con el escritor
y editor Mariano Buscaglia (Ediciones Ignotas).
“Atención normales y subnormales, ya está a la venta: Strip-tease: traducción visual, de Enrique Medina. La última aventura de la Editorial Muerde Muertos que trae a la vida otro libro sembrado de ilustraciones sobre una de las obras más raras y rabelesianas de nuestra literatura. Al igual que iluSORIAS de Laiseca, Strip-tease: traducción visual es una lectura gráfica de la novela, sembrada de análisis y aportes valiosísimos de grandes artistas y de otros que se aprecian más por su rareza que por su plasticidad. Una gema de esas que nunca jamás volverán a salir a luz”. Mariano Buscaglia, escritor, traductor, ilustrador y director de Ediciones Ignotas
José María Marcos y el cineasta Demián Rugna.
“Editorial Muerde Muertos me invitó a participar ilustrando un capítulo de la nueva edición de Strip-tease de Enrique Medina. Felicitaciones al autor y al sello por esta espectacular obra”. Demián Rugna, cineasta argentino, ilustrador del capítulo XIV de Strip tease: traducción visual

“Strip-tease: traducción visual” de Enrique Medina

Strip-tease: traducción visual, de Enrique Medina (Muerde Muertos 2017), novela adaptada con la participación de 40 artistas visuales, 19x28 cm., 144 páginas. Prólogo: José María Marcos y Carlos Marcos. Edición: Mica Hernández, Carlos Marcos, José María Marcos e Isidoro Reta Duarte. ISBN: 978-987-46507-1-9. Valor: $350.- Distribuye: Galerna-Que leer SA.

 “VENGO EN BUSCA DE LA MUERTE”

Strip-tease: traducción visual celebra la rupturista y valiente novela Strip-tease, de Enrique Medina, publicada durante la convulsionada Argentina de 1976. Para esta nueva versión, han aportado su talento los artistas: Antonio Seguí, Juan Carlos Virgilio (Carpincho), Geraldine Guterman, Darío Lavia, Gustavo Nemirovsky, Ana Vargas, Naty Menstrual, Christian Mallea, Lara Silisque, Alejandro Kaplanski, Esteban Serrano, Balaoo, Roly Schere, Demián Rugna, Dr. Mateo, Diego Axel Lazcano, Milio, Nicolás Prego, Renée Cuellar, Claudio Mangifesta, Arturo Desimone, Paloma Grillo, Esteban Sterle, Gisela Aguilar, Jorge Capristo, Hernán Conde De Boeck, Patricia Benedicto, Carolina Krupnik, Leo Batic, Maru Ceballos, Martín Klein, Karen Pacheco Echeverry, María Ibarra, Mauro Gentile, Antonio Barragán, Jorge Mallo, Lautaro Dores, Laura Ojeda Bar, Ezequiel Dellutri y Alejandro Marcos.
Strip-tease es una novela que organiza posiciones y tensiones sociales en una historia que expresa implícitamente un punto de vista político. Trabaja con una exquisita brutalidad rioplatense, aborda sin tapujos la sexualidad (que es probablemente el tema más observado por la civilización occidental) y se inscribe en la mejor tradición de literatura erótica universal.
El Pichón es un pibe del interior del país que ha juntado paciente y lujuriosamente todos los recortes del periódico con avisos de cabarulos, cines porno y antros donde se practica el milenario arte de quitarse la ropa. Con su cajita de recortes a cuestas, viaja a la ciudad de Buenos Aires y allí conoce a El Maestro, un verdadero veterano de estos reductos.
Los destinos posibles planteados en esta novela son todos horripilantes y dibujan proféticamente la situación del país en aquella época. Las posibilidades son un poema: podemos terminar ahogados en semen, muertos en el pozo del baño como el enano Cachilo, ensartados en un tenedor gigante, castrados o fundidos con El Maestro mismo repitiendo alguna de sus célebres enseñanzas.
 “Vengo en busca de la muerte” es la contraseña oracular con el que comienza y termina la historia, frase que pasa de la boca de El Maestro a los labios de El Pichón convertido en Maestro. Es la contracara de una misma moneda: las luces y las sombras, el Eros y el Tánatos, los muerde y los muertos. O como diría El Maestro, en otra de sus inolvidables intervenciones: “¡Gocen, porque las ratas se comen todo, menos la mierda!”.

Del prólogo de los hermanos Carlos y José María Marcos