MUERDE MUERTOS es una editorial de autores contemporáneos, abocados a la literatura fantástica, el terror, lo erótico y aquellas obras que apuestan a estimular la imaginación.

Sebastián Chilano, autor de “Gringos de tierra y río”

Sebastián Chilano. Foto: Editorial Vestales.
Sebastián Chilano (1976) integra Osario común. Summa de fantasía y horror (Muerde Muertos, 2013) con el cuento “Gringos de tierra y río”, un inquietante relato donde un río es el telón de fondo para una inquietante conversación que deja entrever los contornos de un espanto difícil de describir.

OSARIO COMÚN

La summa de fantasía y horror está compuesta por diecisiete autores contemporáneos que frecuentan la literatura de terror, con selección, introducción y notas de Patricio Chaija, además de un epílogo de los hermanos Carlos y José María Marcos. Integran el libro cuentos de Fabio Ferreras, Mariana Enriquez, Pablo Schuff, Pablo Tolosa, Jorge Baradit, José María Marcos, Walter Iannelli, Alejandra Zina, Claudia Cortalezzi, Ignacio Román González, Gerardo Quiroga, Ricardo Giorno, Sebastián Chilano, Gustavo Nielsen, César Cruz Ortega, Alberto Ramponelli y Emiliano Vuela.

Venta en Librerías: Galernas, Cúspide y Yenny
Venta directa: malpascal@yahoo.com.ar. Valor: $150.-

DISCUTIR LAS REGLAS QUE YA NADIE DISCUTE

Sebastián Chilano vive en Mar del Plata. Publicó las novelas Riña de gallos (Ediciones B, 2010), Las reglas de Burroughs (Gárgola, 2012, ganadora del Concurso Laura Palmer no ha Muerto), Tan lejos que es mentira (Letra Sudaca, 2013) y Méndez (Vestales, 2014). Junto a Fernando del Rio publicó las novelas Furca. La cola del lagarto (Ediciones B, 2009) y El geriátrico (Ediciones B, 2011). Mantiene el blog En tres noches la eternidad.
—¿Qué escritores reconocés entre tus influencias? ¿Qué libros en particular? ¿En qué sentido te han marcado?
—En la fantasía no descubro nada si nombro a Tolkien y a Frank Herbert, dos que corrieron suerte dispar con sus adaptaciones al tiempo y al cine. Los libros serían El Silmarillion para recordar al primero y Duna para el segundo. En el terror tampoco voy a asombrar: H.P. Lovecraft. La llamada de Cthulhu y Las montañas de la locura. Si me obligan a no dejar afuera a Edgar Allan Poe elegiría la novela falsamente inconclusa la narración de Arthur Gordom Pym. De Horacio Quiroga se pueden servir al azar y quedarán satisfechos. Tarde, pero nunca es tarde cuando se habla de literatura, descubrí Solaris de Stanislaw Lem, que sería hoy por hoy el libro que recomendaría de ciencia ficción sin miedo a fallar. Es difícil decir en qué sentido me marcaron los libros, pero puedo intentar una trayectoria: hace más de un año formamos con amigos y desconocidos La Bruma, un grupo, un refugio para quienes gustan de la ciencia ficción en Mar del Plata.
—¿Qué obsesiones, preocupaciones y problemáticas aparecen en tus textos?
—Las reglas implícitas de la sociedad que ya nadie discute, la realidad como un evento no vinculable, las comunidades cerradas, la muerte, el amor, lo extraño que hay en todo lo cotidiano, la enfermedad, el amor otra vez, la soledad, el sexo, los hábitos, la música. La religión como un todo que nos domina y pisotea todo el tiempo, aunque te declares ateo siempre vas a tener a un lúcido a mano que te diga: “Entonces trabajá en los feriados de Navidad, si no creés como nosotros”. Nacemos en un mundo con reglas, me obsesiona no saber de dónde vienen, no entenderlas.

NADA ES MÁS FANTÁSTICO Y HORROROSO QUE LA REALIDAD

—¿Cómo nacen tus historias? ¿Podés dar algún ejemplo?
—De una obsesión, de una idea fija en la cabeza que se mantiene el tiempo suficiente como para tener que escribirla. En una primera instancia suele ser un cuento, un cuento que creo completo y terminado. Pero casi siempre en una segunda o tercera corrección veo que ese cuento encierra un mundo y lo extiendo. A veces ese nuevo mundo es otro cuento, otras veces (por lo general) es una novela.
—¿Por qué te interesa el horror y la fantasía como campo de expresión?
—No limitaría sólo a estos dos ítems mi interés. Sí los pondría en un lugar destacado. Me gusta el horror, mucho, pero me gusta el horror sin monstruos; o mejor dicho con monstruos sutiles, no con gigantes y deformes trolls absurdos desde la fuerza. Me gusta el terror inminente. Todo lo contrario de la fantasía. La fantasía tiene que ser notoria, y bien explicada. Racional, casi científica. O sea, agreguemos a la ciencia ficción en el podio de la expresión. Y también a la realidad. Nada es más fantástico y horroroso que la realidad. Ya lo saben, dejen de leer esta nota y busquen un portal de noticias o un canal: todo es horror, fantasía y delirios de dioses avergonzados de habernos creado.